Por: Redacción Análisis Político.-
Lo que hasta hace poco parecía impensable se materializó el pasado jueves en la capital venezolana. Bajo la sombra del secreto diplomático, John Ratcliffe, máximo responsable de la inteligencia estadounidense, aterrizó en Caracas para reunirse cara a cara con Delcy Rodríguez, de acuerdo a lo que informa The New York Times. Según un funcionario estadounidense que habló bajo condición de anonimato, el encuentro no fue un accidente, sino una orden directa del presidente Donald Trump para enviar un mensaje contundente: Estados Unidos está dispuesto a “mejorar la relación de trabajo”, siempre y cuando se cumplan sus condiciones.
La agenda de la “normalización”
Durante la reunión, se discutieron puntos neurálgicos que evidencian el cambio de rumbo del Palacio de Miraflores. Los temas centrales incluyeron:
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Cooperación en inteligencia: El intercambio de información sensible entre organismos que antes se consideraban enemigos mortales.
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Estabilidad económica: Una hoja de ruta dictada por intereses externos para “sanear” las finanzas bajo la supervisión de Washington.
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Seguridad nacional y narcotráfico: La exigencia explícita de que Venezuela deje de ser un “refugio seguro” para los adversarios de EE. UU., con especial énfasis en el desmantelamiento de las redes de narcotráfico que Washington ha señalado durante años.
De los agentes cubanos al escudo de la CIA
Uno de los puntos más reveladores y tensos de esta nueva alianza es el cambio en los anillos de seguridad de la cúpula chavista. Fuentes cercanas a la inteligencia regional aseguran que la seguridad personal de Delcy Rodríguez y su hermano, Jorge Rodríguez, está ahora bajo la égida de la CIA.
Este cambio responde al colapso de la confianza con el régimen de La Habana. Tras los fracasos de la inteligencia cubana en la custodia de Maduro, y ante el evidente malestar de la isla por el giro de Caracas hacia Washington, la seguridad proporcionada por Cuba ha sido desplazada. Desde la isla, el sector duro del castrismo ve esta “sumisión” como una traición al eje bolivariano, lo que ha convertido a los agentes cubanos en una amenaza potencial de la que solo los estadounidenses, paradójicamente, pueden proteger a los hermanos Rodríguez.
Una alianza sobre arenas movedizas
A pesar del apretón de manos y los acuerdos de inteligencia, la realidad política sugiere que esta alianza es, en el mejor de los casos, circunstancial. La sumisión total mostrada por el gobierno venezolano no garantiza inmunidad a largo plazo.
En los pasillos de Washington, la narrativa es clara: la colaboración actual es una herramienta de conveniencia. No se descarta que, en cualquier momento, la administración de Trump decida cambiar de estrategia y proceda con las órdenes de detención existentes contra la cúpula chavista, incluyendo a la ahora “colaboradora” Delcy Rodríguez. La historia de la política exterior de EE. UU. está llena de aliados desechables, y en Caracas, el miedo a un cambio de opinión en el Despacho Oval sigue siendo la única constante.
No hay dudas de que después de ser exprimidos al máximo, estos dirigentes chavistas quedarán solos y EEUU no les dará ninguna protección y los dejará librados a su suerte.













