APTRA inaugura los premios Martín Fierro al Periodismo Militante

Por lo menos podían disimular un poco los muchachos de APTRA, pero ¿para qué? Si la transparencia es total… como el apoyo. La imparcialidad, en cambio, quedó afuera del salón, esperando un taxi

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Imagen Aptra en X

Paco Tilla.-

APTRA nos regaló una gala inolvidable: la inauguración de los Martín Fierro al Periodismo Militante. Porque si la independencia periodística es un valor, ¿por qué no premiar a quienes la dejaron olvidada en el placard? Total, la objetividad ya no está de moda.

El Martín Fierro de Oro fue para Gustavo Sylvestre, por su incansable labor de apoyo al kirchnerismo en C5N, ese canal que no milita… simplemente acompaña, defiende y justifica. ¡Pluralidad garantizada! Desde la primera editorial hasta el último zócalo.

En Interés General Diario, ganó Duro de Domar, demostrando Pablo Duggan que se puede hacer militancia sin perder la línea… editorial. Y en Programa Periodístico, el galardón fue para Argenzuela, con Jorge Rial que de chimentero de la farándula, se convirtió en analista político, pero sin perder la esencia del chisme.

El premio a Servicio Informativo fue para C5N, por su cobertura equilibrada: si hay buenas noticias, son del kirchnerismo; si hay malas, son culpa de Milei, el FMI, el horóscopo… o la humedad. Periodismo militante, pero con glamour.

¿Labor Periodística Femenina? Para Rosario Ayerdi, porque la militancia también tiene perspectiva de género. ¿Productor General? Nicolás Boccache, por lograr que todos los programas tengan la misma esencia: pluralidad con épica revolucionaria. ¿Columnista Económico? Rosalía Constantino, por explicar la economía con la simpleza de un slogan: “Todo está bien, si no, es culpa de ellos”.

Y el broche de oro: Producción Integral para C5N. Porque si vas a hacer las cosas, hacelas bien: ¡llévate todo y que nadie sospeche nada! Bueno… nadie de los tuyos.

Conclusión: Por lo menos podían disimular un poco los muchachos de APTRA, pero ¿para qué? Si la transparencia es total… como el apoyo. La imparcialidad, en cambio, quedó afuera del salón, esperando un taxi.