Un hecho casi olvidado fue denunciado en un libro de investigación por el asesinado candidato a la presidencia de Ecuador, el periodista Fernando Villavicencio en 2013, donde un contrato firmado entre la estatal uruguaya ANCAP y Petroecuador, donde intervinieron en 2010 el entonces mandatario ecuatoriano Rafael Correa y Raúl Sendic, quien era el presidente de ANCAP durante el gobierno de José Mujica. El “negocio”, no benefició en nada a Uruguay, pero terminó dándole enormes ganancias a una empresa internacional acusada en varios países de casos de corrupción.
En el informativo Telenoche 4 de Montevideo, este jueves se dieron detalles del caso investigado por Villavicencio: “En este libro yo denuncio el gran atraco de Ancap de Uruguay” y agregó que “es un gran show entre Rafael Correa y Raúl Sendic”. El candidato aseguró que nunca fue un solo barril de petróleo a Uruguay para refinar y puntualizó que la refinería de La Teja en Montevideo, “no puede producir nuestro petróleo”, porque aclaró no tiene la capacidad para hacerlo.
Las periodistas de Telenoche 4, Viviana Ruggiero y Camila Pírez, así lo explicaron:
https://twitter.com/TelenocheUy/status/1689785392520663043
Según un artículo del semanario uruguayo Búsqueda de esos años, los hechos fueron los siguientes:
La empresa uruguaya de combustibles Ancap se asoció, durante la Presidencia de Raúl Sendic, con una multinacional holandesa acusada de corrupción en varios países latinoamericanos y le permitió ganar (a los holandeses) entre 2010 y 2011, por lo menos 200 millones de dólares, luego de incumplir un acuerdo suscrito con el gobierno de Ecuador que estaba destinado, precisamente, a evitar a los intermediarios para que los Estados intercambiaran directamente petróleo y refinados a precios menores que los del mercado.
El prestigioso semanario uruguayo Búsqueda transcribió las denuncias del asesinado candidato y periodista ecuatoriano Villavicencio que investigó el caso:
En un libro publicado en Quito el año pasado (“Ecuador: Made in China”) por el analista petrolero ecuatoriano Fernando Villavicencio, el autor dedica un capítulo a la “intermediación uruguaya”.
Villavicencio, que también fue dirigente sindical petrolero, escribió que “la figura del canje de crudo por derivados tiene su razón de ser: la falta de capacidad de refinación que tiene el Ecuador para cubrir su demanda interna de derivados nos obliga a exportar materia prima barata (petróleo) e importar derivados caros”.
“Para superar este incómodo escenario, se suscribieron las alianzas estratégicas con los gobiernos amigos, los cuales debían procesar nuestro crudo en sus refinerías y a cambio entregarnos combustibles obtenidos en sus plantas. El resultado sería obvio: supresión de intermediarios, reducción de costos y precios, eliminación de las comisiones, materialización de la solidaridad; la fórmula cuasi perfecta”, dijo.
Villavicencio recordó que “siguiendo este sendero, el gobierno de Rafael Correa suscribió varios instrumentos jurídicos con la empresa estatal Ancap de Uruguay”. Recordó que Ancap “cuenta con una pequeña planta refinadora de crudo liviano, de 50.000 barriles día (La Teja)”. Mientras tanto, las empresas públicas ecuatorianas Petroecuador y Petroamazonas “tienen un sistema de refinación de tres plantas: Shushufindi, Esmeraldas y Libertad, con una capacidad de 176.000 barriles día y producen aproximadamente 504.000 barriles diarios de petróleo”, lo cual supone “una diferencia bien marcada entre las fortalezas de Ancap en relación con las de Petroecuador y Petroamazonas”.
El analista recordó otras expresiones del presidente Correa para eliminar a los intermediarios del comercio del crudo y derivados. “Antes había mucha corrupción. Los intermediarios son corruptos y corruptores”, dijo Correa.
De acuerdo con Villavicencio, “los representantes de los organismos de contralor y las autoridades petroleras de Uruguay estaban perfectamente informados de que la República del Uruguay no contaba con fortalezas en el mercado de hidrocarburos que le permitieran suscribir, y cumplir, un contrato de tal naturaleza con Ecuador”.
El autor añadió que “el sistema de refinación de crudo de Uruguay (La Teja) no cumple con los requerimientos técnicos para procesar los crudos ecuatorianos (Napo y Oriente), de 19 y 23 grados API, respectivamente”.
“El país de Mujica es deficitario en la producción de combustibles. Ni poniendo velas a san Judas Tadeo, Uruguay podía contar con saldos exportables para entregarlos a Ecuador, en cumplimiento del tan refinado convenio de canje de crudo por combustibles”, ironizó Villavicencio.
Aún más: “ni el santo Expedito de las Causas Justas puede cambiar las distancias entre el Puerto de Balao-Esmeraldas en el Pacífico y el Puerto José Ignacio en el Atlántico, para hacer económicamente viable transportar cargas de 360.000 barriles”.
Villavicencio dijo que los únicos beneficarios fueron los traders (Trafigura) que “sólo abonaron para ejecutar su objetivo superior: desestimar las licitaciones”.
“Aquellos a quienes el presidente Correa calificó de ‘mafias’ vinculadas a los partidos neoliberales, aparecen como parte del andamiaje, deliberadamente organizado, para beneficiar a los mismos traders (intermediarios). Esas compañías transnacionales acarician sus millonarios negocios, aparecen escondidas tras las penumbras de las empresas estatales de los gobiernos ‘amigos’, saben de la complicidad y consentimiento de las autoridades del gobierno y festejan en paraísos fiscales”, concluyó el analista.













