De la idea al producto: ¿Cuándo se convertirán en realidad las centrales eléctricas espaciales?

Celebrado el 12 de abril, el Día de la Cosmonáutica es un día festivo que no es ajeno a la industria energética. En el espacio, se han realizado repetidos experimentos con tecnologías que, de una forma u otra, se utilizaron en la Tierra

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Fuente: Global Energy.-

Tomemos como ejemplo el combustible de hidrógeno, que se ha convertido en un tema candente en la industria durante los últimos años. El hidrógeno fue el combustible para una de las dos etapas del cohete portador Energía: en 1988, este último lanzó la nave espacial Buran, un nuevo transbordador reutilizable, a la órbita terrestre baja. “La Oficina de Diseño de Automatización Química y la Planta Mecánica de Voronezh trabajaron en motores de hidrógeno para el cohete portador Energía”, recuerda Boris Katorgin, un diseñador de motores de cohetes que ganó el Premio Global de Energía en 2012. Sin embargo, aparte del lanzamiento de prueba en 1987,  el vuelo de Energía siguió siendo el único: a principios de la década de 1990, se cerró el programa Energía-Buran.

La exploración espacial también contribuyó a la energía solar, lo que es evidente en el programa lunar soviético. La nave espacial Lunokhod 1 (1970-1971) usaba baterías de silicio, mientras que Lunokhod 2 (1973) tenía paneles de arseniuro de galio, menos sensibles al calentamiento, pero más eficientes para absorber la luz solar. Las estaciones orbitales soviéticas tampoco se salvaron de las innovaciones: a diferencia de los paneles fijos de Salyut 1 (1971), Salyut 4 (1974) usaba baterías rotativas, y su área aumentó de 28 metros cuadrados a 60 metros cuadrados. Durante los próximos casi medio siglo, la tecnología ha dado un gran paso adelante: en los próximos años, la Estación Espacial Internacional (ISS) estará equipada con paneles de película blanda enrollable.

Los proyectos de energía solar en órbita han experimentado menos avances. Al generar electricidad a partir de paneles solares en el espacio exterior, podrían enviarla a la Tierra en forma de ondas electromagnéticas, que luego se convertirían nuevamente en electricidad. Habiendo comenzado a desarrollarse a fines de la década de 1960, tales proyectos aún permanecen en papel, tanto por su alto costo como por su complejidad técnica: requieren no solo desplegar una planta de energía en el espacio, sino también transferir electricidad convertida a la Tierra. En 2015, al anunciar la prueba exitosa de un receptor capaz de capturar ondas de 1.8 kW a una distancia de 50 metros, la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial dio un paso hacia la solución de estos problemas.

El Instituto de Ingeniería de Radio de Moscú de la Academia de Ciencias de Rusia y la Academia de Tecnologías Espaciales de China también están buscando soluciones. El primero ha patentado la transmisión de electricidad desde una estación orbital a la Tierra, mientras que el segundo anunció su intención de lanzar una estación solar con una capacidad de 2 GW al espacio para 2050; dado el alcance de la idea, es poco probable que este proyecto se lleve a cabo.