Gabriel Rufián debería tener un traductor de disparates para que la gente lo entienda

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Gabriel Rufián y la hora del circo (Imagen TV Congreso)

Si en algún evento se entregara el premio al personaje más ordinario, Gabriel Rufián, de la ERC, seguramente lo perdería por ser demasiado ordinario. Vestido como si saliera recién de una reunión de panolis con unas camisetas de claro mal gusto, se presenta en el hemiciclo del Congreso, como diciendo “a cenutrio no me gana nadie”.
Poeta fracasado, debería presentarse con un traductor a su lado para que fuera explicando lo que en realidad quiere expresar, cuando este ya tristemente célebre sujeto intenta decir algo.
No se le entiende lo que dice. Lo suyo es todo un desvarío constante.
Sin respeto por la jerarquía que le impone el cargo, demuestra a cada instante que la estupidez humana no tiene límites. Salvo a algunos de los de su entorno, no le causa gracia a nadie.
El circo que montó Rufián en la última sesión de control al Gobierno con las “esposas” que le mostraba al ministro del Interior Zoido, colmaron la paciencia de la presidenta del Congreso español, Ana Pastor, que le llevó a su despacho para exigirle que terminara con sus lamentables puestas en escena.
Pero será inútil explicarle a este personaje lo que es la actividad parlamentaria, porque buen político se nace…aunque payaso también