
Los ciegos no son ciegos, sino que tienen “capacidades visuales diferentes”.
No existen los enanos, ni los gordos, ni los gallegos, ni los judíos.
Si alguien comete el pecado de hacer un chiste “de maricones” puede llegar a tener que dar explicaciones a la Justicia, que puede procesarlo por discriminador.
Si a una joven alguien llega a decirle “señorita” ella podrá corregirlo, ofendida y decirle “soy señora”.
Y nada de mencionar palabras como “chango”, “puta” o “prostituta”. Ahora se trata de “trabajadoras sexuales”.
Los “bichicomes” o “basureros” ascendieron de categoría para ser “recicladores”.
El mundo vive equivocado, fuera de foco, confundiendo lo esencial con lo accesorio.
El lenguaje no solucionará la discriminación. Los negros seguirán siendo negros por más que se los llame “afrodescendientes”. Y los chistes de gallegos y de “opas” seguirán siendo graciosos.
Existe una impostura bastante hipócrita en la insistencia en la corrección política y el uso obligatorio del lenguaje metafórico. (Gustavo Escanlar – Disco Duro – Búsqueda 22/11/07)
¿A qué viene lo anterior?
A que parece que todos tenemos opinión en las elecciones de EEUU, y ella es que el triunfo de Trump debe interpretarse como una desgracia, lo peor que podía pasar. Más allá de si tuvo más o menos adhesión popular, sí (cuando conviene) el sistema de elección de los americanos es un desastre. Lo votaron más de 100 millones de personas en un sistema donde se vota un día laborable y no es obligatorio ir a votar.
Nosotros, que hemos pasado décadas reclamando “Yankis Go Home”, resulta que ahora nos molesta el “fuera inmigrantes” lo entendemos profundamente xenófobo, discriminador y vergonzante. El muro de Trump, lo empezó a construir Clinton en 1994, nos tomó más de 30 años reaccionar.
Opino que Trump no es lo mejor, ¿pero a quien le importa? ¿quién me preguntó? Ganó las elecciones limpiamente y con todo el establishment en contra, incluso, la dirigencia de su propio Partido Republicano, una victoria hazañosa que hubiera emocionado hasta las lágrimas a cualquier líder progresista.
Trump prometió (make América great again) “hacer a América otra vez grande”. Claro que, en la concepción de USA, América son solo ellos. ¡Una propuesta que enamora, que inspira, que tiene mucha convocatoria, tanta! que ganó en contra de todos los pronósticos.
Es la menos hipócrita y metafórica de las realidades. Tiene a favor que conoce Uruguay, Trump ha realizado negocios en el Uruguay, y pongo especialmente énfasis en “negocios” y en la acepción más clara donde se entiende que aspira a un rédito económico. Que nadie pretenda que Trump o los USA están allí para darnos ayuda o para inmiscuirse alegremente para ayudar en problemas ajenos, tratarán de sacar la mejor y mayor tajada de sus participaciones.
Donald Trump, es quizás le representación más honesta de los USA desde el “cazador” Roosevelt.
¿Que no nos guste, no es mala cosa, que cambiaría si nos agradara? Por sus frutos lo conoceréis.
“…que me venís hablar de Trump… ¡Vos!, que votaste a Mujica”
(anónimo, escuchado mientras esperaba ser atendido en el sanatorio)
Marcelo Linale












