Francisco: “El mal no tiene la última palabra sino el Amor, la Misericordia, el Perdón”

0
453

El Papa en la celebración del Vía Crucis (Imagen de CTV)
El Papa en la celebración del Vía Crucis (Imagen de CTV)
“El mal no tiene la última palabra sino el Amor, la Misericordia, el Perdón”. Lo dijo el Papa Francisco en una breve meditación al finalizar el tradicional Vía Crucis en el Coliseo de Roma, este Viernes Santo, ante la presencia de más de 40 mil personas.
“Dios – dijo el Papa – ha puesto sobre la Cruz de Jesús todo el peso de nuestros pecados, todas las injusticias perpetradas por cada Caín contra su hermano, toda la amargura de la traición de Judas y de Pedro, toda la vanidad de los prepotentes, toda la arrogancia de los falsos amigos. Era una Cruz pesada, como la noche de las personas abandonadas. Pesada como la muerte de las personas queridas, pesada porque resume toda la fealdad del mal”.
“No obstante – prosiguió el Santo Padre – es también una Cruz gloriosa como el alba de una noche larga, porque representa en todo el amor de Dios que es más grande de nuestras iniquidades y de nuestras traiciones. En la Cruz vemos la monstruosidad de hombre, cuando se deja guiar por el mal; pero vemos también la inmensidad de la misericordia de Dios que no nos trata según nuestros pecados, sino según su misericordia. De frente a la Cruz de Jesús, vemos casi hasta tocar con las manos cuánto somos amados eternamente; de frente a la Cruz nos sentimos ‘hijos’ y no ‘cosas’ u objetos, como afirmaba San Gregorio Nacianceno dirigiéndose a Cristo con esta oración:
Si no existieras tú, oh mi Cristo, me sentiría criatura acabada. He nacido y me siento disolver. Como, duermo, descanso y camino, me enfermo y me curo. Me asaltan innumerables afanes y tormentos, gozo del sol y de cuánto fructifica la tierra. Después muero y la carne se convierte en polvo como la de los animales, que no tienen pecados. Pero yo, ¿qué tengo más que ellos? Nada sino Dios, si no existieras tú, oh Cristo mío, me sentiría criatura acabada”.
“Oh nuestro Jesús – prosiguió el Papa – guíanos desde la Cruz hasta la resurrección y enséñanos que el mal no tendrá la última palabra, sino el Amor, la Misericordia y el Perdón. Oh Cristo, ayúdanos a exclamar nuevamente: ‘ayer estaba crucificado con Cristo, hoy soy glorificado con Él. Ayer había muerto con Él, hoy estoy vivo con Él. Ayer estaba sepultado con Él, hoy he resucitado con Él’. Finalmente, todos juntos recordemos a los enfermos, recordemos a todas las personas abandonadas bajo el peso de la Cruz, para que encuentren en la prueba de la Cruz la fuerza de la esperanza, de la esperanza de la Resurrección y del amor de Dios.
Vía Crucis
Vía Crucis en Roma (Imagen: CTV
Vía Crucis en Roma (Imagen: CTV
La noche del viernes el Santo Padre Francisco presidió el tradicional Vía Crucis, en el Coliseo de Roma. El camino de la Cruz se representa con una serie de imágenes de la Pasión o “Estaciones” correspondientes a eventos particulares que Jesús sufrió por nuestra salvación. La finalidad de las Estaciones es ayudarnos a unirnos a Nuestro Señor haciendo una peregrinación espiritual a la Tierra Santa, a los momentos más señalados de su Pasión y muerte redentora. La costumbre de rezar las Estaciones de la Cruz posiblemente comenzó en Jerusalén. Ciertos lugares de La Vía Dolorosa (aunque no se llamó así antes del siglo XVI), fueron reverentemente marcados desde los primeros siglos. Hacer allí las Estaciones de la Cruz se convirtió en la meta de muchos peregrinos desde la época del emperador Constantino (Siglo IV). Según la tradición, la Santísima Virgen visitaba diariamente las Estaciones originales y el Padre de la Iglesia, San Jerónimo, nos habla ya de multitud de peregrinos de todos los países que visitaban los lugares santos en su tiempo. Sin embargo, no existe prueba de una forma fija para esta devoción en los primeros siglos. Desde el siglo doce los peregrinos escriben sobre la “Vía Sacra”, como una ruta por la que pasaban recordando la Pasión, consigna en un informe Radio Vaticana.
Fuente: Radio Vaticana y CTV