
La censurable agresión en la pierna de Suárez, deja en claro la impotencia de Mirallas que ha demostrado no estar a la altura de un equipo como el Everton, no solo por esta incidencia, sino porque no justifica integrar esta plantilla, más allá de su fútbol tosco e intermitente.
Incluso luego de la salvaje agresión, pensó que sería expulsado, pero eso no ocurrió dada la imperdonable actitud del árbitro inglés Phil Dowd, que se hizo el desentendido y ni siquiera amonestó al jugador infractor.
La dualidad de criterios de los jueces británicos, queda demostrada al comparar que si hubiera sido Luis Suárez el autor de la agresión, le habrían expulsado sin más miramientos y la prensa sensacionalista del Reino Unido hoy estaría atacando la acción del uruguayo.
Hasta el primer ministro David Cameron, se puso en moralista y atacó anteriormente a Suárez por el mordisco a un rival, cuando mejor sería que explicara porque seguía a una red de prostitutas-Carltons of London- en una red social. El gobierno inglés trató de aclarar que lo hacía por “error”, pero pocos lo creen.












