
Pero en todo, menos en la política, esa generación dejó lugar a las más cercanas. Le cuesta dejar el poder. No es tema de derechas ni izquierdas, ni centros, pasa por otro lado que es abrir ventanas para que el poder no se concentre en pocos, en el “club de los de siempre”, y se devuelva. En definitiva es la esencia republicana, que no solo se legitima por el funcionamiento del Estado de Derecho sino que también por la práctica misma de rotación de partidos y personas.
El diagnóstico de lo que hace falta está más que claro, hay que ser un marciano para no darse cuenta que la educación está enterrada en el subsuelo y si no se hace algo rápido y radical se pierde una generación de uruguayos a quienes se condena a la pobreza y la mediocridad. Las chicanas políticas y las acusaciones no van a cambiar este desastre, hay que hacerse cargo y cambiar rápido. El conocimiento en el mundo hoy se duplica cada cinco años; cuando un gobierno termina se sabe el doble en cualquier área de los que se sabía cuando empezó. No es tarea ni para genios de la política ni para caudillos individualistas, porque la sociedad es más compleja que la inteligencia de una persona.
Todos lo sabemos, sin distinción, porque vivimos sobre el mismo piso y respiramos el mismo aire, sólo un discurso político negador puede ocultar para una cámara o un grabador la realidad que vuelve a aparecer rampante en el mismo momento que se apagan. Si estamos convencidos que hay que hacerlo, ¿por qué esperar? ¿A quién esperar? Y ahí empieza el doble discurso político, la procrastinación: sabemos lo que hace falta, pero mejor dejarlo para después.
Hace falta renovación para entender que los desafíos no se resuelven solo en los límites de un partido político, que buenos hay en todos lados, y de los otros también. Ir a buscar a los mejores dónde estén no es tarea para los próximos cinco años, sino para ahora.
El gran desafío social que tenemos empieza dando ejemplo desde arriba y consiste en aspirar a ser mejores y no solo menos malos, como personas y como país. Vamos a esperar cuánto más, si sabemos que hay que hacerlo. Vamos a recurrir a quién, ¿a los de siempre? En Montevideo concretamos un cambio político radical, porque el problema es grande, e hicimos el Partido de la Concertación, no un joven partido, sino partido neonato.
Y para el país qué vamos a hacer, ¿esperar cinco años? Resignados algunos dicen que Vázquez será el próximo presidente, están equivocados. Eso es lo inexorable y lo que el FA desearía si a problemas viejos se los enfrenta con lo mismo que no dio resultado. Para tener resultados diferentes hay que proponer soluciones y liderazgos diferentes. Es más que renovar, hay que innovar con convicción. Y es ahora. ,












