Dos Uruguay diferentes

0
190

Javier García
Javier García
De dónde descienden los uruguayos? De los barcos, se decía popularmente. Españoles e italianos con una mano adelante y otra atrás vinieron a trabajar y buscar su oportunidad y la tuvieron en un país donde el trabajo y el esfuerzo hacia la diferencia.
En los gobiernos del Frente Amplio, por encima de errores y aciertos que todos los tienen, hay algo que cambió para mal y será la peor herencia que dejarán: dejó de ser característica del Uruguay premiar el trabajo y el esfuerzo. Se subsidia la pobreza en vez de estimular el trabajo y premiar al que la pelea. La escalera social del Uruguay estaba fundamentada en que se crecía de la mano de mucho trabajo y sacrificio. Nuestros abuelos doblaban el lomo sin horario para que su familia creciera. Dolía el cuerpo pero la sociedad premiaba al que trabajaba. Tener una empresa, un taller, una panadería, un bar, una chacra era signo de un ánimo de empuje que no merecía ni rencor de las autoridades ni persecución burocrática. Se dejaba trabajar al que empujaba. La solidaridad era real porque se premiaba el trabajo y se devolvía en servicios públicos buenos, básicamente educación y salud, lo que el trabajador derramaba sobre las arcas del Estado.
En los gobiernos del FA se instauró la política de premiar al que, pudiendo, ni trabaja ni estudia olvidando al que dobla el lomo. A éste último se lo persigue, no para que se haga cargo de sus obligaciones legales, sino que se lo pone en el cajón de los sospechosos. Si es empresario a alguien estará embromando, si tiene una tienda o un taller y va al ministerio de Trabajo, es culpable siempre. Solo tiene deberes pero nunca derechos ni nunca se lo considera como el primer escalón de la solidaridad social, el que genera puestos de trabajo genuinos.
Los planes sociales de emergencia son muy importantes. Cuando en la campaña electoral aparezcan los cucos que digan que si no gana el FA se sacarán, habrá que responderles que sería tonto sacar lo que fueron creación de gobierno de décadas atrás, cuando ni existía el FA. Se mantendrán y seguramente se podrán mejorar sobre la base de una sociedad de derechos compartdidos, esa es la diferencia. Nadie es depositario solo de derechos ni aún los niños que también tienen sus pequeñas obligaciones caseras en ayudar en su casa o hacer sus deberes escolares. De chicos todos nos debemos formar en que ocupamos un lugar que nos impone ayudarnos entre todos, es decir tenemos responsabilidades. Eso es la solidaridad, hacerse cargo de la vida en sociedad.
Haber roto la cultura de premiar el esfuerzo es el pecado más grande de estos gobiernos y el que va a costar más recuperar. Eso fracturó a la sociedad e hirió el ánimo emprendedor e innovador. ¿Para qué arriesgar si luego te la dan en el lomo?
Un país que castiga el esfuerzo es un país mediocre, que se achata y que puede vivir con una educación mediocre, que le dé para “ir tirando”. Donde algunos creen que siempre tienen derechos pero nunca deberes. Donde algunos que pueden trabajar se los trata con políticas de asistencia sin exigirles ningún esfuerzo, que todos siempre pueden hacer. La idea que la inspira es mantener la pobreza para usarla electoralmente, eso está atrás.
En un país mediocre a nadie le importa el nivel, ni la educación porque eso no es un diferencial positivo, porque no vale nada. En un país así Fernández Huidobro puede ser ministro.