El espíritu olímpico dejó de existir en Buenos Aires

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Jorge Luis Delgado
Jorge Luis Delgado
Por Jorge Luis Delgado desde Buenos Aires.- Los sueños de Madrid nuevamente fueron destrozados por una maquinaria absurda e inexplicable que ha preferido la inestable situación de Japón con la contaminación de Fukushima, a la seguridad que ofrecía Madrid para la realización de los Juegos Olímpicos de 2020. Tokio fue sede de los Juegos de 1964, ahora debería tener otra ciudad la posibilidad de realizarlos, mientras que Estambul, ha pedido unos Juegos para Europa y Asia; los demás continentes fueron ignorados. ¿Y el espíritu olímpico?
Que hay política en todo esto es innegable. La “sospechosa” interrupción de la presentación de España que fue el único país que se le cortó la emisión de televisión e internet deja muchas dudas sobre lo que allí ocurrió; fue casi una presentación secreta, y deja demasiadas dudas que el COI tiene que aclarar.
Verdaderamente es inexplicable la actitud del Comité Olímpico Internacional que ya ha vetado a Madrid cuatro veces y le da por segunda vez la organización de los Juegos a Tokio.
El COI ha sido injusto con Madrid ya que ha permitido los Juegos en otras capitales europeas como Londres (tres veces), París (dos), Atenas (dos), Berlín, Roma, Moscú, Amsterdam, Estocolmo y Helsinki y nunca en la capital de España.
En la prensa ya han comenzado a salir declaraciones de deportistas; el tenista olímpico español, Feliciano López, ha lamentado la “vergonzosa decisión del COI” de eliminar a Madrid, al entender que se “demuestra una vez mas que ese organismo no juega limpio y que priman todos los intereses menos el deportivo”, ha dicho.
La forma de elegir al país anfitrión es un show hiriente para quien queda en el camino. Le hacen ir con sus autoridades, movilizarse para que expongan sus virtudes y luego en la cara le echan de la postulación, cuando debería ser una decisión sin este cruel espectáculo.
El COI tiene la forma de reunirse sin montar esta absurda exhibición. En reunión entre sus integrantes deben decidir que país será el anfitrión de los juegos y luego anunciarlo al mundo, sería menos ofensivo y cruel.
El espíritu olímpico ha muerto en Buenos Aires.