Este viernes 14 de junio se votará el articulado final del proyecto de Ley Orgánica de Comunicación de Ecuador. La norma contiene importantes cambios en materia comunicacional y en deontología periodística.
Para el gobierno son avances pero para los medios son una forma de controlar la libertad de expresión. En la Ley se señala que los medios de comunicación públicos, privados y comunitarios deberán expedir Códigos Deontológicos orientados a mejorar sus prácticas de gestión interna y su trabajo comunicacional.
Estos códigos deberán considerar normas mínimas referidas a la dignidad humana, como respetar la honra y la reputación de las personas; abstenerse de difundir contenidos y comentarios discriminatorios.
Ese Código Deontológico tampoco debe incitar a que los niños, niñas y adolescentes imiten comportamientos perjudiciales o peligrosos para su salud, abstenerse de usar y difundir imágenes o menciones identificativas que atenten contra la dignidad o los derechos de las personas con graves patologías o discapacidades, entre otras normas.
También, establece que los medios de comunicación, en forma general, difundirán contenidos de carácter informativo, educativo y cultural, en forma prevalente.
Estos contenidos, según el proyecto de Ley, deberán propender a la calidad, y ser difusores de los valores y los derechos fundamentales consignados en la Constitución y en los instrumentos internacionales de Derechos Humanos.
Asimismo, establece que los medios de comunicación audiovisuales adquieren el carácter de nacional cuando su cobertura llegue al 30% o más de la población nacional.
Según la norma, los medios impresos nacionales adquirirán esa condición cuando emitan un número de ejemplares igual o superior al 0,25% de la población nacional, en cualquiera de sus ediciones en el año inmediato anterior, o circule en ocho o más provincias.
La Ley -según el informe para segundo debate- no regula la información u opinión que circula a través de las redes sociales, sin perjuicio de las acciones penales o civiles a las que haya lugar.
Fuente: El Ciudadano









