Políticos: la hora de los barrabravas

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Entre varios personajes que se autoproclaman políticos o políticas, se ha instalado una mala costumbre, la del insulto o el agravio con los que pretenden fundamentar y, en la mayoría de los casos, imponer sus ideas personales.
Estos personajes son casi siempre obsecuentes a ultranza que tratan de mostrarse como fieles defensores de sus jefes políticos y con sus actos alcanzar la estima y la felicitación de sus superiores. Lo demuestran en cada paso que dan.
En Argentina, la inefable diputada nacional del oficialista Frente para la Victoria (FPV) Diana Conti, legisladora ultrakichnerista, considera normales los insultos y agravios entre parlamentarios durante las sesiones y reuniones de comisión y pretende justificar lo que no tiene justificación señalando que “ser bueno y educado no sirve de nada”.
Como algo natural la legisladora Conti expone que: “Yo también gritaba cosas. Le grité “marmota” a Prat Gay”, un diputado opositor al gobierno.
Y se aseguró de enviar el mensaje público para que la presidenta argentina se enterara que la estaba defendiendo: “Cuando se agravia a Cristina Fernández de Kirchner se agravia a cada uno de los militantes, dirigentes, los que ocupamos cargos”, dijo como si estuviera realizando un acto heroico diciéndole “marmota” a un colega diputado.
Pero Diana Conti va más allá, con una delicada verborragia le dedicó a la también parlamentaria Elisa Carrió -en la discusión por la cuestionada reforma judicial de Argentina- una frase que va más allá de cualquier comentario: “Que la señora Carrió se meta la lengua larga y filosa que tiene, justo en el lugar donde va a quedar cajoneada su moción de privilegio”. Muy fina y educada por cierto.
Tampoco se mide el respeto a las mujeres por parte de algún señor legislador como el caso de Andrés “el Cuervo” Larroque, otro diputado también ultrakichnerista que en la discusión del acuerdo con Irán por el caso del atentado a la AMIA, interrumpió a la diputada opositora del PRO, Laura Alonso, diciéndole: “¡Callate, atorranta!”.
Pero la agredida, no se quedó atrás y le respondió al muy valiente Larroque: “Parate cobarde, parate cagón, decímelo de vuelta”, le espetó Laura Alonso.
La diputada aclaró luego a un medio de prensa que: “Larroque me gritó ‘atorranta’. Le pedí tres veces que me lo dijera parado, mirándome a la cara y con micrófono abierto. Le dije cobarde. Le volví a decir que se parara y le dije ‘cagón'”, puntualizó.
(Aclaración innecesaria pero conveniente: la falta de acentos en palabras como Callate y parate y otras, se debe a que en Argentina se acentúa diferente al resto del mundo de habla hispana: ¿Entendiste pibe o te lo explico de vuelta?)
En Venezuela otra perla del collar
A la ministra para Asuntos Penitenciarios de Venezuela Iris Varela no le importa nada eso de guardar las formas y la ética…¿ética , qué es eso?
Arremete contra todos los que osen hablar en contra de la revolución bolivariana y el chavismo. No tiene términos medios. Para Varela su pequeño mundo se divide en dos; si no se es chavista, se es enemigo, así de simple.
De su boca la llamada “Comandante Fosforito” pueden salir los ataques más virulentos, insultos y amenazas que nadie se pueda imaginar en un afán de agradar al régimen chavista sin pensar que como ministra de un gobierno es una lamentable imagen que Venezuela muestra al mundo.
“MariCori cállate la jeta sifrina llorona”, escribió en Twitter la delicada ministra a una diputada opositora o una frase sublime de su florido repertorio en tiempos electorales: “Chillen escuálidos, compren vaselina porque el palo que le vamos a meter no será de agua”.
Las recientes amenazas a Capriles demuestran que no puede controlarse y dice lo que sea para agraviar: “Estoy preparando la celda donde vas a tener que ir a purgar tus crímenes, porque eres un fascista y eres un asesino” y luego-sin mostrar pruebas que avalen su denuncia -acusó de drogadicto al líder opositor: “tienes un vicio y tú lo sabes” y subrayó en televisión: “Deja el consumo de estupefacientes, no sigas consumiendo drogas porque eso te está llevando por mal camino”.
Hay más políticos que creen que con el insulto tienen asegurado su lugar dentro del poder y lamentablemente como se decía en aquella vieja serie de televisión: “hay 8 millones de historias como esta en la ciudad desnuda; esta ha sido solo una de ellas”