Los países miembros de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) se reunirán este jueves en Perú para tratar el tema de la elecciones en Venezuela.
Tienen una oportunidad histórica de preservar la democracia que dicen defender y revertir en algo, al menos, la controvertida decisión de suspender al gobierno paraguayo del bloque regional.
De la misma manera en que se actuó contra Paraguay, donde presuntamente, según entendieron sus miembros en una discutida resolución, se habría destituido al presidente Lugo en forma ilegal, se deben aplicar en el caso Venezuela, las mismas normas.
La irregularidades ya comprobadas del autoritario gobierno de Nicolás Maduro, deben ser investigadas y resueltas con el conteo definitivo de los votos.
Nada está claro y avalar las despóticas actitudes del delfín chavista, podrían hacer caer en el descrédito definitivo a esta asociación de países.
La Unasur es consciente de las irregularidades en Venezuela y de las claras violaciones a la Constitución bolivariana con las indefendibles resoluciones del Tribunal Supremo de Justicia que torció la interpretación de la Carta Magna para beneficiar primero a Chávez prolongando su mandato hasta que pudiera jurar-algo no previsto por la leyes del país- y luego a Maduro para permitirle mantenerse en el cargo de presidente encargado, cuando la ley ordena que debe ser el titular de la Asamblea Nacional el que debía asumir la primera magistratura hasta las elecciones.
Esta es la verdad indiscutible, ahora que la Unasur no quiera verlas es otra cosa muy delicada y avalar el gobierno de Maduro en estas condiciones sin un recuento de votos para disipar dudas, sería perjudicial para su imagen ante el concierto mundial y principalmente frente a los millones de ciudadanos de la región que necesitan respuesta claras de sus gobernantes.
Las recientes declaraciones de la presidenta del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) de Venezuela, Luisa Morales- la misma que avaló las cuestionables resoluciones que favorecieron al gobierno chavista- no hacen más que arrojar gasolina al fuego, al decir que no es posible hacer un recuento de votos en forma manual sin recordar que Maduro la noche de la elecciones estuvo de acuerdo en hacer la auditoría de las cajas con los votos, pero luego cambió de parecer y decidió asumir la presidencia sin esperar la verificación de los votos. ¿Teme tal vez que las irregularidades salgan a la luz y se descubra que en realidad perdió las elecciones?
Maduro no tiene dotes de estadista y nunca los será, amenaza a todos, promete mano dura y en 14 años del gobierno socialista que él integró, no pudieron con la delincuencia y tampoco frenar la alta tasa de homicidios que en ese lapso llegó a los 172.000 asesinatos en Venezuela según las cifras oficiales.
No es con la prepotencia y la imposiciones de Maduro que se logra el consenso, es con la verdad de las urnas que hoy están severamente cuestionadas que se puede llevar tranquilidad al país. Ocultar la verdad al pueblo es también una forma de violencia ya que los ciudadanos tienen el derecho a saber quien ganó las elecciones. Con la intolerancia se generan reacciones imprevisibles en la gente, con la verdad se logra la ansiada paz.
Maduro lejos de una conducta democrática amenaza a Capriles diciendo que si el candidato opositor no le reconoce como presidente legítimo de Venezuela, el tampoco le reconocerá como gobernador del estado Miranda. ¿Es esta la actitud de un mandatario? ¿Es esta la forma de respetar a los más de siete millones de venezolanos, o más, que no le votaron?
La Unasur tiene hoy en sus manos la gran oportunidad de estar a la altura de las circunstancias y devolverle a la gente la credibilidad en el bloque que fuera severamente cuestionada en el caso de la suspensión de Paraguay.
No tiene que tomar partido por nadie; sólo exigir que se haga el conteo de votos y una auditoría para que finalmente se sepa y sin dudas para nadie, quien ganó realmente las elecciones en Venezuela.
La democracia está en juego.












