El hombre cumplió 72 años, pero nunca cambió, prepotente, grosero, cruel, avaro, ordinario y un sinfín de calificativos que llenarían casi el espacio destinado para esta historia que puede ser similar en muchos lugares del planeta y que en estas festividades son propicias para esperar el milagro de un cambio, que no siempre ocurre.
Egoísta y ególatra, al hombre de esta narración, basta que alguien cuente una historia personal para que este personaje desagradable interrumpa groseramente y comente que a él le ocurrió un hecho exactamente igual, pero en circunstancias de mayor relieve y notoriedad.
Celoso del éxito de los demás, no logra esconder su amargura ni aún ante los miembros de su familia, que dicho sea de paso, son las víctimas directas de sus ataques de ira.
Personaje siniestro como pocos, envidia lo que no ha podido lograr en su vida, el afecto verdadero de quienes le rodean, sean compañeros de trabajo o familiares.
A sus espaldas se mencionan miles de las inenarrables actitudes casi demenciales que protagoniza a diario, donde la maldad aparece en todos sus actos.
Todos se burlan de sus historias y él no logra darse cuenta de su triste papel y de la vida horrorosa que le hace vivir a quienes le rodean.
Su prepotencia irracional lo ha llevado al borde de la locura y sus acciones de intolerancia hacen imposible convivir a su lado.
Manipulador como pocos, siempre finge estar en la ruina económica y nada de eso se ajusta a la realidad.
La Navidad para él es solo un motivo para agrandar su maldad y amargarle las festividades a quienes tiene a su alrededor gritándoles y denigrándoles para demostrar que es el que manda.
Ya viejo y en el declive de su vida, no cambia y cada vez es peor su comportamiento, pero consigue algo en forma unánime; que nadie quiera estar a su lado.
Su forma de ser, supera ampliamente al personaje de Charles Dickens, Ebenezer Scrooge, del “Cuento de Navidad”.
Ebenezer Scrooge era una persona malvada, codiciosa, cruel y tacaña, que no sabía qué significaba la generosidad.
La obra se divide en tres partes:
• El Prefacio, que narra cómo Scrooge se muestra como un viejo avaro y prepotente.
• Una noche, en víspera de Navidad, Scrooge recibe la visita de un fantasma que resulta ser el de su exsocio Jacob Marley, que muere siete años antes del inicio de la historia. El espectro le cuenta que, por haber sido avaro y egoísta en vida, toda su maldad se ha convertido en una larga y pesada cadena que debe arrastrar por toda la eternidad. Le anuncia a Scrooge que ya ha superado el conjunto de sus maldades, por lo tanto, cuando muera tendrá que llevar una cadena mucho más larga y pesada. Entonces le anuncia la visita de tres espíritus de la Navidad, que le darán la última oportunidad de salvarse. Scrooge no se asusta y desafía la predicción. Scrooge se duerme y aparecen los espíritus.
• Los Espíritus:
1. El del Pasado: Muestra a Scrooge antes de ser avaro y apático con la Navidad, contrastada entre la soledad de la niñez y la alegría romántica de su juventud.
2. El del Presente: Cuenta cómo se celebra la Navidad en su país, su familia y la de su empleado Cratchit que es muy feliz, así como los dos niños.
3. El del Futuro: Presenta la tragedia de la ruina de Scrooge y la vista de su tumba.
• La Conclusión, que relata el cambio de Scrooge cuando celebra la Navidad con regocijo y alegría.
Al final se puede ver cómo Scrooge cambia, se torna con una alegría gigantesca, que tan sólo el amor, la solidaridad y la Navidad nos puede dar.
Pero el hombre desagradable de esta historia, que puede ocurrir en cualquier lugar del mundo, no ha cambiado, para lograr que razone se necesitaría un batallón de espíritus.
Su destino será la de terminar sus días en soledad.
Lo peor es que cuando se mira en el espejo, este le devuelve una imagen diabólica y él ya no sabe quien es.












