
Tratar de tontos a los uruguayos parece ser una especialidad de algunos en el gobierno, que intentan ocultar la realidad. Se ha instalado una inocultable puja interna entre dos bandos y el presidente decidió jugar para uno. A Lescano lo echó como fruto de esa lucha de poder interno, ni por renovación ni por cuestión de género, y lo hizo rápido, antes de que se abran las urnas de la muy pobre interna de la semana pasada que va a dejar seguramente al MPP, su sector, derrotado en el FA.
Mujica viene muy mal. Y preocupa porque apenas va la mitad del mandato y navega con economía a favor, que es lo único que lo sostiene. Empieza a notarse un populismo muy barato, de baja calidad y muy notorio; éste es un recurso habitual de los gobiernos que se debilitan políticamente. A algunos puede resultarles más o menos simpático que el presidente pasee en su Fusca y se coma unos ravioles en un bar. Aparte de la simpatía que esto genera por ser gestos muy comunes y sencillos, la pregunta es si eso resuelve los problemas que más nos preocupan a los uruguayos. Si andar dando charlas a un equipo de fútbol en Paso de la Arena hiciera que se cortara la racha de inseguridad y violencia me pondría contento, pero en verdad si después del paseo en Fusca uno se encuentra con que este año su gobierno tendrá el triste récord de la mayor tasa de homicidios en 20 años, entonces el paseo en auto y los ravioles importan bien poco.
Sería preferible menos marketing y mejor gobierno, porque casualmente siempre que hace algo de eso hay una cámara que lo registra.
El colmo de la demagogia populista es esta novedad de que un gobierno que habla del éxito de las políticas sociales y la baja de la pobreza, en una economía que vuela, Mujica diga que va a poner la residencia presidencial de Suárez como refugio: eso es populismo barato y demagogia que debería estar prohibida a un presidente medianamente serio. ¿Está tan mal la cosa en pleno auge que hay que recurrir a eso? Entonces las políticas sociales son una mentira. Con respeto, pero es muy barato el recurso.
Cómo puede ser que desde las alturas hablen del crecimiento económico, de los muy buenos recursos destinados a educación y salud y en plena bonanza haya que poner contenedores en los hospitales, como anunciaron, para atender a los pacientes en invierno. Por más confortables y cinco estrellas que sean son contenedores de chapa en patios de los hospitales. ¿Los 700 millones de dólares de presupuesto que tiene ASSE no sirvieron para prever algo más digno en Salud Pública?
Por más ravioles y estofado que se coma el presidente a la vista de los periodistas, eso no arregla estas cosas ni mejora la gestión. No pasa por ahí. Debe gobernar bien y si come milanesas o camarones es cosa de él.












