
La idea de la senadora de obvia cercanía al presidente de la República es de una enorme gravedad, pero pasó sin hacer mucho ruido porque una anestesia institucional nos envuelve a los uruguayos. Esta barbaridad, dicho sin diluyentes, es propia de una ideología golpista. No hay que asustarse por las ideas, hay que combatirlas cuando son como ésta y buscan una fuerza armada propia, “fiel” a un partido que pretende ponerle bandera a los soldados para que sean milicia de reserva de una colectividad política.
En su entrevista a la agencia argentina Telam se extiende y el ejemplo que pone es el de los militares venezolanos y de Chávez, que dicho sea de paso en sus divisas oficiales lucen “patria, socialismo o muerte”: ese es el modelo que reivindica.
Aquí todo se le perdona tanto a ella como al presidente, cosas que si en porcentaje mucho menor las dijeran dirigentes de partidos de oposición generarían un escándalo. La anestesia de los uruguayos es un poco más pronunciada entre algunos analistas y periodistas que son muy agudos para un lado y menos para otros. Siempre hay excusas para perdonarlos.
Confesó en esa entrevista que preferiría que todos los militares fueran fieles a su partido, pero con ese “numerito” de la mitad de la tropa y un tercio de oficiales hay una “base sustentable”. El objetivo de esta senadora es mandar un mensaje a las Fuerzas Armadas, a las que han politizado al extremo y les avisan que una buena forma de ascenso para llegar a ese tercio de oficiales es hacer conocer su “fidelidad” al FA. Dijo: “hay que trabajar en sus cabezas”, lo que revela además un enorme desprecio humano e intelectual por los militares a quienes los quiere “fieles” y vacíos de cerebro.
Hay quienes no salieron de la conspiración, dejaron las armas pero no se arrepintieron. Se imaginan como protagonistas de un “destino manifiesto”. Creen, como cree Topolansky, que las ideas se defienden en última instancia por la fuerza como en un pasado ella hizo y ahora en el poder pretendiendo institucionalizar que las Fuerzas Armadas sean una milicia ideológica. Como luché como el que más contra la dictadura con toda una generación de compañeros blancos y lo hicimos cuando muchos de los que hoy se llenan la boca de derechos humanos y progresismo se escondían debajo de la cama y no decían ni “mu” digo estas cosas. No nos pueden desacreditar ni acusar de ninguna defección democrática. Por esa misma lucha dada es que no estamos dispuestos a que se quiera imponer en Uruguay estas ideas golpistas, sostenidas con armas ni con militares ni progresistas ni nada por el estilo. Para Topolansky en su momento el Goyo Álvarez era un militar “progresista”, así que ni me como la pastilla ni estamos dispuestos a que se la hagan comer a los uruguayos.
La única fidelidad que deben los militares es a la Constitución de la República y si un uniformado cree que su carrera depende de ser “fiel” al FA, mensaje que mandó la senadora, que sepa que está afuera de la ley y que manchará su uniforme con un golpismo tan despreciable como aquel que ensució antes a otros uniformes.












