
También le toca a la cultura padecer estas restricciones. El 12 de marzo pasado, el gobierno argentino emitió una resolución por la que se dictamina que los libros que ingresen al país no deben poseer en sus tintas un contenido de plomo superior al 0.06%. Y para comprobarlo, se realizarán controles exhaustivos en las aduanas.
La medida señala que es necesario preservar “la salud o integridad física de los consumidores o usuarios”, aunque para muchos quedaría claro que la intención es fomentar la impresión nacional, controlar el déficit comercial y evitar que salga del país el menor número posible de dólares.
Directivos del mundo editorial ha manifestado su preocupación ante la posibilidad de que esta medida afecte la entrada de libros extranjeros que entrarán al país para la Feria del Libro de Buenos Aires.
A esta incertidumbre se agrega que en esta edición no estará presente la federación de gremios españoles que llegaba siempre con una nutrida delegación de editores, distribuidores, libreros de España quienes al conocerse estas restricciones, sumadas a la crisis europea, han decidido no asistir.












