Mandalas – por José Luis Rondán

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José Luis Rondán
Los Mandalas, constituyen manifestaciones pictóricas de forma circular que por sus características evocan una imagen del mundo cuyas formas y colores pueden llegar a afectar la percepción de quienes los contemplan. La combinación de colores y las formas o diseños que fueron plasmados en ellos, lleva a dejar en suspensión el juicio del observador hasta ingresarlo en un estado de exaltación espiritual.
Cuando el observador admira un mandala, puede llevar a desencadenar una implosión que induce a que forma y fondo sea sólo uno, sea un todo con el diseño y con el observador, al cual de alguna manera absorbe, involucrándolo íntimamente.
Expresaba Jung: Su presencia en sueños y visiones suele ir acompañada de una intensa sensación de paz y armonía.
La concepción de un mandala tiene por objeto alterar el espacio exterior para, desde la contemplación, alterar el espacio interior del individuo, ya sea el del propio artista, como el de otro u otros individuos que se convoquen ante él.
Cuando nos referimos a los mandalas, nos estamos refiriendo a antiquísimos círculos mágicos, de energía, protección y fuerza.
En la cultura Celta tenemos una importante gama de diseños y usos, pero específicamente por mi formación filosófica, los mandalas más útiles y de mayor irradiación energética, lo constituyen los círculos de poder de los viejos maestros druidas, a partir de los cuales realizaban sus más importantes rituales de conexión con los dioses, profetizaban, se iluminaban para dictar sentencias justas, ordenar las migraciones, las batallas o convocar al awen, etc.
Tenemos místicos mandalas surgidos en el seno de los aquelarres, durante la edad media, donde las brujas y brujos a la luz de sendas hogueras invocaban a los diversos poderes a través del pentateuco, reforzado muchas veces con la conformación de círculos de energía realizados por fuera, con la participación de los asistentes al evento, generalmente desprovistos de ropa y tomados de las manos.
Muchos cultos, a veces sin saberlo, sin tener plena conciencia de ello, realizan círculos de poder, mandalas humanos por donde la energía fluye cual corriente eléctrica. Cadena de voluntades donde su debilidad radica en la fortaleza de aquel eslabón que menos se comprometa con el grupo.
En el culto Cristiano, un mandala característico fue concebido con la figura de Jesús en el centro y dispuestos en cada uno de los puntos cardinales, cada uno de los evangelistas; una concepción similar había sido ya utilizada por los egipcios, resaltando en tal caso la figura de Horus enmarcado por la de sus hijos.
Los mandalas son sumamente comunes en la cultura Hindú y budista, encontrándose muy difundidos en pinturas y templos, y en estos últimos, concebidos ya, con la estructura de un circulo de poder, cuyo objetivo es la contemplación, la transferencia de energías y el incentivo para una conciencia despierta.
A veces los mandalas son concebidos a través de los movimientos acompasados de una danza, la cual lleva al intérprete a describir círculos que como una estela van despejando, van barriendo el entorno para que fluya libre la energía que esperamos obtener de ellos.
Si observamos la cúpula de un templo, generalmente veremos un círculo, símbolo del universo interior del hombre, encerrado en un cuadrado, símbolo del universo exterior o material creado por ese mismo hombre.
La representación del sol, un ojo, una flor, etc. constituyen mandalas en sí mismos, elementos éstos representados hasta el hartazgo por las diferentes civilizaciones, por ejemplo en lo que refiere a la flor de loto, símbolo del crecimiento hacia la obtención del magisterio, símbolo también del hermafrodita humano y divino, puede ser representada con cuatro u ocho pétalos ubicados en forma simétrica entorno a la corola, representando la emanación desde lo esencial u original, hacia la multiplicidad de la creación constituida por lo periférico o superficial.
En el tarot apreciamos diferentes tipos de mandalas, aunque el más llamativo lo constituye el arcano mayor Nro. 22, EL MUNDO, el cual según sea el diseño de la baraja, lo conforman dispuestos en cada uno de los extremos o puntos cardinales, los elementos aire, fuego, agua y tierra y en el centro, el elemento espiritual a akassico o hermafrodita humano, fortaleza y elevación a través de la conjunción femenino-masculina del ser humano evolucionado.
El mandala es considerado una especie de medicina para el espíritu; si estamos ante un período de profunda depresión o dolencia física, con seguridad superaremos dicha situación si conscientemente nos disponemos a la contemplación o diseño de uno de ellos. Tengan por cierto que desde el primer trazo, los canales energéticos que nos recorren y nos hacen ser quienes somos, comenzarán a destrabarse, dejando fluir ese caudal de energía, ese río de sanidad que hará que prontamente nos sintamos mejor, la obra del mandala surge desde el interior, nos dice sin necesidad de emplear palabras, de las bondades de la existencia misma.
La dolencia, la enfermedad, la angustia, el desequilibrio surge cuando por distintas causas nos alejamos del centro de equilibrio de nuestra existencia, yéndonos hacia la periferia. Lo aquí expresado lo avalo desde mi óptica de reflexólogo egresado de una importante escuela de medicina alternativa china y desde mi visión de artista plástico.
Meditación ante un mandala
Optar por un sitio tranquilo, donde podamos sentirnos seguros de no ser interrumpidos.
Adoptar una postura cómoda, que nos permita la relajación.
Respirar conscientemente, controlando la respiración hasta hacerla más y más lenta.
Mirar el mandala recorriéndolo lentamente, sin esforzarse, encaminando nuestra atención del diseño, desde lo general hacia los detalles.
Sentir que somos uno con él; estamos ingresando en nuestro hogar, los seres que nos aman están allí aguardando por nosotros para protegernos.
Una contemplación detenida y serena brinda armonía, equilibrio y paz, rencontrándonos con seguridad con ese sentido de la vida que creíamos perdido.
Los lamas suelen realizar coloridos mandalas con arena, los que representan el Universo a ser purificado cada año que pasa.
Al igual que ocurre durante el proceso cósmico, el esfuerzo creativo y la dedicación de los monjes, se diluye rápidamente durante un ritual de algunas horas de duración.
El fruto de un trabajo minucioso se destruye en un abrir y cerrar de ojos, y las arenas coloreadas se vierten sobre las aguas de algún río, simbolizando aparte del desapego de estos monjes por lo material, lo efímero, lo transitorio, lo sutil y frágil de las cosas que algunas personas creen eternas.
Cuando un hombre nace llega desnudo, sus puños apretaditos; soñará en cubrirse el cuerpo con vestidos y en sus manos, retener todo lo que pueda atesorar. Cuando ese mismo hombre debe partir, de nada habrán de servirle las vestiduras y sus manos estarán abiertas, pues de aquí, nada podrá llevarse. He acá un ejemplo de lo finito de nuestra existencia y la importancia que tiene el rencontrarnos a través de los mandalas, con nuestro propio centro, con nuestra esencia espiritual, dadora de equilibrio y armonía para el camino que tenemos por delante.
José Luis Rondán
Taller de Arte “La Guarida” del artista plástico José L. Rondán
Fundado en 1981 – Ramón Masini 2956/002 – Pocitos- Montevideo, Uruguay
Tel. (598) 2708 4339 / E-mail: eltaller77@hotmail.com