Ortega y el alineamiento con Rusia y la corrupción: análisis del Movimiento Renovador Sandinista (MRS) de Nicaragua

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Comunicado del Movimiento Renovador Sandinista (MRS) de Nicaragua
El estrechamiento de las relaciones militares entre Rusia y Nicaragua, es un tema que preocupa de forma creciente a distintos sectores, tanto dentro como fuera de Nicaragua.
La compra por parte del régimen de Ortega a Rusia de numeroso armamento pesado y en particular de veinte tanques T-72-B, dada a conocer en meses pasados, disparó las alarmas. La adquisición de esos tanques por parte de Nicaragua, rompe el equilibrio estratégico militar establecido con los Acuerdos de Esquipulas II en 1987, entre los países centroamericanos, que sufrieron las consecuencias de dolorosos y costosos conflictos militares en la década de los 70 y 80.
Pero esa compra no ha sido el único hecho llamativo. En los últimos meses y particularmente en las últimas semanas se han sumado nuevos. El financiamiento ruso para una escuela policial en Nicaragua, que según versiones oficiales estará dedicada al entrenamiento de fuerzas especiales contra el narcotráfico, la apertura de una estación rusa para el funcionamiento del sistema de posicionamiento global ruso, conocido como Glonass y el anuncio, a inicios de abril, de ejercicios tácticos conjuntos del ejército nicaragüense y unidades militares rusas, con justa razón han reavivado las preocupaciones.
Hugo Torres, ex diputado del Parlamento Centroamericano, general en retiro y actual dirigente del MRS, a la luz de los últimos acontecimientos, señaló que Ortega está convirtiendo a Nicaragua en un peón de la política rusa frente a Estados Unidos y que ni durante la década de los ochenta, en pleno conflicto Este-Oeste, cuando Nicaragua estaba envuelta en una guerra civil y sufría la agresión militar de la administración Reagan, la presencia rusa había alcanzado las dimensiones que tiene ahora.
El almirante Kurt Tidd, Jefe del Comando Sur de los EEUU, expresó hace poco ante el Comité de Servicios Armados del Senado, su inquietud por la compra de tanques hecha por Nicaragua. En sus consideración, todo indica que Rusia tiene el interés estratégico de adelantar su presencia e influencia en la región.
El presidente de Costa Rica, Luis Guillermo Solís, expresó durante su reciente visita a España, que le preocupa el rearme promovido por Ortega y que si bien no hay un conflicto abierto con su país, hay una relación tensa, que se agrava porque en Nicaragua no hay un “régimen democrático asentado”.
En efecto si en su política exterior el régimen de Daniel Ortega practica un creciente alineamiento con Rusia y una absoluta identificación con el régimen de Nicolás Maduro, a lo interno del país su naturaleza antidemocrática, se manifestó nuevamente el 22 de abril con la represión al movimiento campesino y el impedimento para la realización de la marcha ciudadana que demandaba la derogación de la ley 840, que otorgó una concesión para un proyecto de construcción de un canal interoceánico.
Precisamente, es esa práctica recurrente del régimen de Ortega contra las libertades públicas y los Derechos Humanos, lo que ha provocado que el proyecto de ley conocido como Nica Act, tome un nuevo impulso en el Congreso de los Estados Unidos.
El pasado 5 de abril la congresista republicana Ileana Ros-Lehtinen y el congresista demócrata Albio Sires, presentaron ante el congreso de Estados Unidos una nueva versión de la Nica Act. El 27 del mismo mes, el proyecto bipartidista fue introducido ante el Senado de los Estados Unidos.
Una primera versión de la Nica Act había sido presentada en septiembre del 2016 pero por el cierre legislativo anual no prosperó en el Senado. El proyecto de ley, tanto en su versión anterior como en la última, propone condicionar los préstamos de los organismos multilaterales a Nicaragua, con la excepción de los destinados a fortalecimiento de las instituciones y a asuntos sociales, al restablecimiento de la democracia, el respeto a la institucionalidad y los derechos humanos. La nueva versión endurece las exigencias en dos aspectos: la lucha contra la corrupción, incluyendo el lavado de activos y la protección de los defensores de derechos humanos, cuya vida e integridad se ven seriamente amenazadas bajo el gobierno de Ortega.
Desde el año pasado distintos sectores de la sociedad nicaragüense han sostenido consistentemente que el establecimiento de un régimen autoritario y dinástico en Nicaragua, que ha desarticulado la institucionalidad democrática del país, ha conllevado la diseminación de la corrupción, manifiesta en la apropiación indebida de fondos multimillonarios del erario público, incluyendo los provenientes de la cooperación venezolana; tráfico de influencias y un cada vez más deteriorado y corrupto Poder Judicial que favorece la impunidad.
El MRS defiende el principio de neutralidad activa de Nicaragua en política exterior. Creemos que el país debe jugar un papel de agente permanente de la paz y la seguridad en Centroamérica, rechazando todo tipo de alineamiento y subordinación de los intereses nacionales a potencias extranjeras o a los intereses de otros países.
Creemos que es urgente el restablecimiento de la democracia en Nicaragua, la realización de elecciones limpias y competitivas; el enfrentamiento de la corrupción y la impunidad y el respeto pleno a los derechos humanos de los nicaragüenses.
El Movimiento Renovador Sandinista se constituyó el 21 de mayo de 1995, en Managua, en homenaje al nacimiento de Sandino. En esa fecha se realizó su Convención Constutiva, aprobándose sus principios, programa y estatutos. El MRS surge de una escisión del entonces FSLN, a causa principalmente de contradicciones sobre la política y la acción del partido, en relación a la democracia interna, la lucha política y social y las reformas constitucionales, en clara oposición a la creciente tendencia caudillista de Daniel Ortega

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