Día Internacional de la Mujer – 8 de marzo de 2015, no es un día más

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La mujer es la compañera del hombre, dotada con la misma capacidad mental…
Si por fuerza se entiende poder moral, entonces la mujer es infinitamente superior al hombre…
Si la no violencia es la ley de nuestro ser, el futuro está con las mujeres…
Mahatma Ganhdi

Dibujos de José Luis Rondán
Dibujos de José Luis Rondán

Este año celebramos un nuevo Día Internacional de la Mujer, nuestras compañeras de ruta en este periplo que damos en llamar existencia.
Las celebraciones se harán bajo el lema, EMPONDERAMIENTO DE LAS MUJERES, EMPONDERAMIENTO DE LA HUMANIDAD ¡IMAGINALO!
Veamos pues la definición de emponderamiento, a fin que todos tengamos cabal conocimiento del sentido que se desea aplicar a este lema y de la participación que como seres humanos nos compete y en qué medida deberíamos involucrarnos para dejar de ser meros espectadores en la tribuna de la vida observando la pelea que las mujeres llevan adelante, por momentos muy desigual, por obtener un sitio en la comunidad que día a día se hace grande y crece desde su vientre, por lo que por esencia y naturaleza les corresponde, a fin que éste, no termine siendo un lema más.
El emponderamiento consiste en la adquisición de poder e independencia por parte de un grupo social desfavorecido para manejar su situación; también se considera emponderamiento, el proceso por el cual las personas fortalecen sus capacidades, su confianza, visión y protagonismo como grupo social, para impulsar cambios positivos de las situaciones que viven.
Creo que la simple definición nos está hablando claramente del camino a recorrer, de las barreras que a diario debemos esforzarnos por voltear, tanto a nivel del colectivo donde nos desenvolvemos como en cada acto de carácter individual o de mera relación, para que no se difume el horizonte hacia el cual debemos encaminar nuestros pasos para soñar con la equidad; no quiero imaginarlo, tal cual reza el lema, no deseo, me niego a imaginarlo, lo quiero ya, lo necesito para la vida, ahora mismo.
Quiero un mundo sin violencia hacia nuestras compañeras y sus hijos e hijas; quiero un mundo sin frustraciones generadas por machistas todo poderosos, quienes en su actitud lo único que hacen es disfrazar sus propias frustraciones y su falta de hombría; quiero un mundo donde podamos vivir nuestras realidades desde una misma altura en el podio, con aciertos y errores, con iniciativas, con voluntad, con un mismo y compartido esfuerzo, pudiendo sentarnos a la mesa para mirarnos a los ojos con franqueza, y mientras compartimos el vino, plantearnos las discusiones que puedan surgir, pero sin agravios, sin insultos, sin golpes, sin imposición del más fuerte, del más agresivo.
Quiero un mundo sin la inmundicia de la burka alienante, un mundo sin las limitaciones que algunos sistemas ofrecen a las mujeres para el ejercicio del sufragio, de la expresión de sus ideas, de la libre circulación, de la educación; quiero un mundo sin las degradantes abluciones, sin lapidaciones, sin puños alzados para acallar lo que no se entiende, sin dedos que señalen a la maldita, (pues el que esté libre de pecado…) ¡Hipócritas! Quiero un mundo donde no necesitemos de Malalas, pues las autoridades del lugar favorecen el crecimiento intelectual. ¡Cuánta utopía! ¡Cuántos sueños!.
Revisaba al escribir esta nota, algunos de los lemas de años anteriores, con los que se celebraba este día tan trascendental, tales como Igualdad para las mujeres – Progreso de tod@s. –Una promesa es una promesa; Acabemos con la violencia contra la mujer. – Poner fin a la impunidad de la violencia contra la mujer y la niña, etc. etc.
Podríamos llenar páginas de lemas, unos más sentidos que otros, unos más importantes y profundos que otros, pero más allá de ello y por sobre todos estos lemas, está la mentalidad humana, la cabeza del hombre como especie, la educación que se nos imparte, la cultura de cada pueblo, sus costumbres, lo cual se erige en muro de contención, separando lo que sucede en verdad, de lo que debería suceder; de lo que vivimos día a día, de aquello que soñamos con que debería ser y lo que deberíamos vivir.
La existencia de la humanidad está construida sobre un basamento de sueños, los cuales muchas veces se difuman, son enterrados y tratados como escombros y muchas veces tal cual una crisálida, se van desenvolviendo, van cambiando su forma hasta mutar y tras ello, extienden sus alas y levantan el vuelo. De eso se trata la vida, la cual desde mi óptica, muchas veces nos pone a prueba, nos hace caer y se nos queda observando, como para ver con cuanta dignidad y fortaleza nos volvemos a poner en pie.
La lucha por los derechos humanos de la mujer es una planta que con mucho esfuerzo ha ido creciendo, ha ido ganando raíces, tallo, ramas, hojas, pero que necesariamente ha tenido y tendrá aun por mucho tiempo, que ser regada con llanto, con muchas lágrimas de pesar, de rabia contenida, de voluntad inquebrantable, de anhelos por ver a la crisálida emerger un día de ese capullo gris que no sólo la limitaba sino que la mantenía aislada del mundo exterior aprisionando el sueño mágico del vuelo libre.
No sé cuántos días internacionales de la mujer más habrá que celebrar para ir ganando espacios, tal vez no lo veamos, pero hoy, acá y ahora, alzamos nuestra copa para decir salud señoras del mundo por estar ahí, de pie y a la orden, peleándole a la vida para hacer caer un día, el oscuro muro de la ignominia, de la abominación y el oscurantismo. ¡Salud!

1 Comentario

  1. El Día de la Mujer será aquel en que dejemos atrás los estereotipos anacrónicos, las mujeres tengan plena libertad en la toma de sus decisiones y exista un verdadero cambio de pensamiento.

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